Scott Summers

desde hace cinco años no abre los ojos

por miedo a provocar un incendio

 

no soporta el olor de los perros

y solo usa bastón

para salir a la calle

 

pide a la mujer del aseo

nunca mueva los objetos de lugar

y deje las ventanas cerradas

para escuchar

las peleas de los vecinos

 

una vez a la semana llama a las librerías

y pregunta si pueden conseguirle

el sonido y la furia

en versión braille

 

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Charles Xavier

en el despacho no hay fotos

pero sí

trenes a escala

 

un rolex por cada vez que viajó a houston

a pedir una segunda opinión

 

en un cajón conserva los números de ex alumnos

de mujeres que conoció antes del choque

y especialistas

 

colecciona radiografías de vértebras

que guarda en un sobre marcado con una X

 

Bruce Banner

estaba soleado el día en que pisé el cable

 

la máquina se encendió

y me convertí en una muñeca rusa

 

en cascarón indestructible

refugio subterráneo

para sobrevivir el ataque nuclear

 

tengo la piel de los tabiques

y tablas en las ventanas

 

soy una aplanadora

que no se detiene

frente a un jardín de niños

 

un acantilado sin puentes

construído por un hombrecito

muerto de miedo

 

Harleen Quinzel

añora los días en que

no temía a los payasos

sino a las lámparas de dentista

 

antes de que las risas en los programas de comedia

fueran reemplazadas por el ruido de martillos

 

cuando sentía deseo y no

síndrome de estocolmo

 

ahora gasta el tiempo en ver documentales

sobre los hábitos reproductivos de la hienas

 

en averiguar cuántos segundos de conciencia

le quedan a un hombre después de ser decapitado